CAPÍTULO VII

EL CONGRESO A PARTIR DE LA DÉCADA DEL 40



El escenario internacional del Perú, y por tanto su ámbito de acción, fue la segunda conflagración mundial y de manera específica, el conflicto bélico que el Perú sostuvo con Ecuador por sus divergencias en materia de asuntos fronterizos. El marco constitucional del Congreso en materia de relaciones exteriores estuvo normado por la Constitución de 1933.

En este contexto, al interior del Congreso de la República se tuvieron que debatir diversas iniciativas destinadas a paliar los efectos económicos del conflicto. También se presentaron mociones destinadas a expresar solidaridad con los países atacados por el totalitarismo. Paralelamente, el Congreso también fue un espacio en el que se reflejaron los enfrentamientos ideológicos que se producían en el escenario mundial: por un lado, las tendencias xenófobas y racistas, y por otro, las libertarias y democráticas. Finalmente, primó la solidaridad con las Potencias Aliadas, especialmente con los Estados Unidos, que vino acompañada de una renovación de la tendencia a la integración regional, representada en este caso por el Panamericanismo.

En este período el Congreso tuvo que aprobar también, a nivel político, las acciones militares contra el Ecuador, en defensa de la soberanía nacional. Al mismo tiempo, aprobó el Protocolo de Río de Janeiro, respaldando la  búsqueda de una solución justa y definitiva del problema fronterizo con el Ecuador.

Iniciemos el tema revisando el marco constitucional de la época para los asuntos vinculados a la gestión externa.

a) Marco constitucional

Este período estuvo enmarcado por la vigencia de la Constitución de 1933, la que le dio una adecuada normatividad a las relaciones internacionales del Perú en la época. Sus alcances en materia de relaciones internacionales fueron reseñados en el capítulo anterior.
 

b) El Congreso y los asuntos externos del Estado

La segunda guerra mundial y el conflicto armado con el Ecuador fueron dos hechos fundamentales que fueron tratados en el Congreso peruano.
 

i.  La Segunda Guerra Mundial

a. Sucesos principales

Antes de examinar la posición del Perú durante la Segunda Guerra Mundial es importante presentar un breve recuento de los sucesos más importantes de  conflagración.

La guerra se inició el 15 de marzo de 1939, con la invasión alemana de Checoslovaquia. El 1º de setiembre, los nazis invadieron Polonia y, como consecuencia, Inglaterra, Francia, Australia y Nueva Zelanda, declararon la guerra a Alemania.

A mediados de setiembre, el Ejército soviético invadió Polonia por el este, tal como había sido acordado con Alemania en un Tratado previo el 23 de agosto. A fines de mes, Alemania y la Unión Soviética se dividieron formalmente el territorio polaco. El 30 de noviembre, la U.R.S.S. atacó a Finlandia, motivo por el cual fue expulsada de la Liga de Naciones.

En abril de 1940, los nazis invadieron Dinamarca y Noruega. Entre mayo y junio, tomaron Holanda, Bélgica, Noruega y Francia. A fines de junio, el Gobierno francés del Mariscal Petain firmó un armisticio con los nazis. Francia quedó formalmente dividida en dos: una porción bajo administración directa de los alemanes, con su capital en París; y la otra, bajo la autoridad de Petain, con capital en Vichy. El día 5 de julio, el Gobierno de Vichy rompió relaciones con Gran Bretaña.

A partir de julio de 1940, se inició el ataque alemán contra Inglaterra. A fines de setiembre, los gobiernos de Alemania, Italia y Japón firmaron el Pacto del Eje Tripartito, al que se unieron más tarde Hungría y Rumania. El 12 de junio de 1941, las potencias enfrentadas con el Eje celebraron la Declaración de los Aliados, con la finalidad de “trabajar juntos y con otros pueblos libres, en la guerra y en la paz”.

Dos días después, los Estados Unidos de América inmovilizaron los capitales alemanes e italianos en su territorio. El día 22, Alemania inició el ataque contra la Unión Soviética, a pesar del Tratado que habían celebrado anteriormente. A mediados de julio, Gran Bretaña y la U.R.S.S firmaron un acuerdo de asistencia recíproca.

El 26 de julio, el Gobierno norteamericano inmovilizó los capitales japoneses en su territorio, y suspendió las relaciones diplomáticas con el Japón. A principios de agosto, Estados Unidos anunció un embargo de petróleo contra los estados “agresores”, vale decir, las potencias del Eje.

El día 14 de agosto de 1941, el Presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, y el Primer Ministro inglés Winston Churchill, firmaron la “Carta del Atlántico”, que es considerado uno de los antecedentes principales de las Naciones Unidas.

En dicho documento, que constaba de ocho puntos, ambos líderes declararon en primer lugar que sus países no tenían aspiraciones expansionistas, ni buscaban cambios territoriales contrarios a la voluntad de los pueblos. Manifestaron su respeto al derecho de libre determinación y su deseo de que aquellos pueblos que habían perdido el uso de dicho derecho por la fuerza, lo recuperaran. Expresaron su voluntad de contribuir al desarrollo económico, social y laboral de todos los Estados del mundo, y que éstos pudieran acceder plenamente a la circulación y comercio libres. Además, esperaban ver el establecimiento de la paz y libertad mundiales, luego de la derrota de los nazis. Finalmente, condenaron la agresión y el armamentismo y declararon su voluntad de colaborar con  la erradicación de ambos fenómenos209 .

El 7 de diciembre de 1941, fuerzas japonesas atacaron sorpresivamente la base norteamericana de Pearl Harbour, en Hawai, causando numerosas bajas y daños materiales. Al día siguiente, los Estados Unidos e Inglaterra declararon la guerra al Japón. El 11 de diciembre, Alemania e Italia declararon la guerra a los Estados Unidos. El 1 de enero de 1942, 26 naciones aliadas suscribieron la Declaración de las Naciones Unidas. A fines de ese mes, las primeras fuerzas americanas arribaron a Gran Bretaña.

En abril, se inició el traslado de norteamericanos de origen japonés a “centros de relocación” dentro de los EE.UU., proceso que, como veremos más adelante, tuvo repercusiones en el Perú.

Es a partir de 1943 que, luego del ingreso de los Estados Unidos en la guerra, la balanza comenzó a inclinarse a favor de los países aliados. A principios de enero, las fuerzas alemanas en territorio ruso comenzaron a retroceder ante el avance de las tropas soviéticas. Entre el 14 y el 24 de enero, Roosevelt y Churchill conferenciaron en Casablanca al norte de Africa y anunciaron que la guerra sólo podía terminar con una rendición alemana incondicional.

En febrero, los nazis comenzaron a retirarse de Túnez y, en mayo, las tropas alemanas e italianas del norte de Africa, se rindieron ante las fuerzas aliadas. A principios de julio, los aliados desembarcaron en Sicilia y el 8 de setiembre se anunció la rendición de Italia, lo que ocasionó que fuerzas alemanas ocuparan Roma. Un mes después, los aliados entraron en Nápoles.  A fines de noviembre Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron en Teherán, en Irán.

Para 1944, la suerte de las potencias del Eje estaba decidida. El 6 de enero, tropas soviéticas desplazaron a las fuerzas alemanas en Polonia. El 5 de junio, luego de intensos combates, los aliados tomaron Roma. Al día siguiente, se inició el desembarco en Normandía al norte de Francia. A costa de numerosas bajas, las fuerzas aliadas liberaron sucesivamente las ciudades de Cherburgo, Caen, y Saint Lo, y el 25 de agosto, liberaron París.

A principios de setiembre, los aliados habían capturado ya otras ciudades francesas y belgas entre ellas Verdun, Dieppe, Artois, Rouen, Abbeville, Antwerp y Bruselas.  El 20 de noviembre, fuerzas francesas alcanzaron el río Rin y cuatro días después capturaron Strasburgo.

Durante 1945, los aliados consolidaron su victoria sobre los países del Eje. En enero, los soviéticos capturaron Varsovia. Entre el 4 y el 11 de febrero, Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron en Yalta. A principios de marzo, los aliados tomaron la ciudad alemana de Colonia; y el día 30, los soviéticos capturaron el antiguo puerto de Danzig.

En los primeros días de abril, los aliados avanzaban en el río Ruhr y el norte de Italia. El día 12, se produjo el fallecimiento del Presidente norteamericano Roosevelt, quien fue reemplazado por Harry S. Truman.

El 16 de abril, el Ejército soviético inició su ataque final contra Berlín, mientras que los norteamericanos capturaban Nuremberg.

Dos días después, las fuerzas alemanas en el Ruhr se rindieron. El 21, los soviéticos alcanzaron Berlín.

Una semana después, Benito Mussolini fue capturado y ejecutado, cuando trataba de huir hacia Alemania. El 30, Adolfo Hitler se suicidó en Berlín. El 2 de mayo, las fuerzas alemanas en Italia se rindieron. Pocos días después, el 7, se produjo la rendición incondicional de los nazis. La victoria aliada se declaró el día 8 de mayo. A principios de junio, los aliados se dividieron el control de Berlín y del resto del territorio alemán.

El 26 de junio, se firmó la Carta de las Naciones Unidas en San Francisco. El 16 de julio se celebró la Conferencia de Postdam. El 6 de agosto, los norteamericanos arrojaron la primera bomba atómica, sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y, dos días más tarde, la segunda, sobre Nagasaki. El 14 de agosto, el Imperio Japonés se rindió incondicionalmente ante los EE.UU. El 24 de octubre, poco más de un mes después del fin de la guerra, se produjo el establecimiento oficial de las Naciones Unidas.
 

b. Los efectos económicos de la Segunda Guerra Mundial

Durante la década de 1930 la exportación de materias primas continuó teniendo un rol fundamental en las economías de América Latina. A pesar de ello, ciertas políticas estimularon el crecimiento de la industria, que se incrementó más rápidamente que el producto bruto interno real en la mayoría de países.

La Segunda Guerra Mundial afectó las economías de América Latina y, por lo tanto la del Perú, al menos en cuatro aspectos: el flujo de importaciones, los mercados de exportación, el transporte marítimo y las fuentes de crédito. Los efectos de la guerra, cuya duración era incierta se hicieron sentir en el Perú desde el inicio.

En su mensaje al Congreso de la República de 1939, el General Oscar Benavides, Presidente saliente, advirtió dichos efectos, pero se mostró optimista al respecto:

“La actual guerra europea ha tenido, como era lógico de suponer, su inmediata resonancia en la marcha de la economía fiscal. Los ingresos fiscales han tenido una sensible, aunque no alarmante, disminución como consecuencia de los actos derivados de la contienda en el otro hemisferio. Mi experiencia de gobernante me permite, sin embargo, declarar que los efectos de la actual guerra serán de mucha menor magnitud que los sentidos por nuestro país en la conflagración mundial del año 1914.....”210 .
Pero un mejor ejemplo de las dificultades causadas por el conflicto en el Perú, lo tenemos en la petición presentada en la Cámara de Senadores por el Senador Risco Gill, en 1939.

Risco señaló que el bloqueo británico al comercio de Alemania impedía a los industriales peruanos comprar los repuestos de la maquinaria fabricada en este último país. Ello, aún cuando la Gran Bretaña, al iniciar el bloqueo, había prometido respetar los intereses de los países neutrales como el Perú.

En opinión de Risco, la falta de repuestos alemanes, podía llevar incluso a la paralización de gran parte de las fábricas nacionales. Por ello, Risco pidió que se solicitara al Ministro de Relaciones Exteriores iniciar negociaciones que facilitaran la adquisición de repuestos alemanes para el Perú, en vista de que éste era un país neutral. La Cámara aprobó dicha solicitud211 .

Por otro lado, como consecuencia de los problemas causados por la guerra, los gobiernos latinoamericanos incrementaron su interés en las industrias nacionales, mediante inversiones directas en bienes e infraestructura. Los Estados Unidos de América, por su parte, necesitaban asegurar el flujo de materias primas estratégicas desde Latinoamérica. Por ello, fomentaron activamente la formación de un sistema de cooperación interamericana. El Gobierno estadounidense estimuló los flujos de crédito, inversiones y bienes manufacturados hacia los países de la región.

 El Presidente Manuel Prado en su mensaje anual al Congreso del Perú, en 1940, señaló:

“[Se] estudia con especial interés el Cartel Económico Interamericano, planteado por el Presidente Roosevelt a fin de establecer una saludable coordinación del comercio para defender la economía de los países americanos frente a las repercusiones del conflicto europeo y para atender a la unificación económica del continente. Contempla el Cartel la utilización de los excedentes de producción americana; el estímulo a la expansión de algunos importantes factores productivos como el caucho y la quina; y el establecimiento de tarifas preferenciales para el comercio entre las dos Américas”212 .

Un ejemplo de la política estadounidense, lo constituyó la “Corporación Peruana del Santa”, una empresa de explotación de hierro y producción de acero, establecida en la sierra norte del Perú con capitales y asistencia técnica norteamericanos. Aún cuando la demanda norteamericana por productos latinoamericanos se incrementó, su mercado no podía absorber totalmente la oferta de nuestra región213 . Ello contribuyó a que los productores nativos prestaran mayor atención al comercio intra–regional.

Desafortunadamente, el desarrollo del sector exportador no estimuló demasiado el consumo real. A pesar de ello, varios países lograron incrementar su producción industrial debido a la asistencia técnica de los Estados Unidos, a la venta de excedentes en los países vecinos y a la demanda del Estado y de determinados sectores productivos. Entre las consecuencias negativas de la guerra, estuvieron el surgimiento de una tendencia inflacionaria de larga duración, aparejada a una creciente desigualdad en la distribución del ingreso. Las causas de ambos fenómenos fueron el exceso de capacidad adquisitiva externa, la restricción de importaciones y el creciente déficit en el gasto público.

En general, la guerra puso de manifiesto la vulnerabilidad del modelo económico basado en la exportación de materias primas. La influencia de los Estados Unidos en la región se incrementó. Los gobiernos nacionales expandieron su rol dentro de los respectivos países. Los intereses del sector privado se vincularon más estrechamente con los gobiernos. La escasez de bienes extranjeros estimuló nuevos esfuerzos de substitución de importaciones. Lamentablemente, dichos esfuerzos fueron limitados por la escasez de bienes de capital importados 214 .
 

c.  La postura inicial del Perú frente a la Segunda Guerra Mundial

El Gobierno peruano decidió retirarse de la Liga de las Naciones en abril de 1939, luego de la invasión italiana a Etiopía. El Poder Ejecutivo argumentó que dicha asociación no había podido lograr los objetivos para los que había sido fundada. A pesar de esta decisión, nuestro país reiteró su confianza en los principios de justicia y solidaridad internacionales que habían dado lugar al surgimiento de la Liga. Además, manifestó su voluntad de seguir participando en las funciones técnicas de la asociación, en la Organización Mundial del Trabajo y en la Corte de Justicia Internacional de La Haya215 .

Antes de que Estados Unidos ingresara a la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno peruano ya se había mostrado dispuesto a colaborar frente a la eventualidad de que aquel país o alguna otra nación americana, fuera agredida.

Durante la VIII Conferencia Interamericana, realizada en nuestra capital en 1938, se celebró la llamada “Declaración de Lima”. Los países firmantes, entre los que se halló el Perú, se comprometieron a “hacer efectiva su solidaridad” en caso de que “la paz, la seguridad, o la integridad territorial de cualquiera de las repúblicas americanas se vea amenazada por actos de cualquier naturaleza que puedan menoscabarlas”216 .

Pero, si bien las autoridades peruanas mostraron una tendencia a la solidaridad regional, la postura oficial frente a la guerra en el Viejo Mundo fue bastante ambigua217 .

Dicha ambigüedad puede verse reflejada también en los debates parlamentarios. Así por ejemplo, en noviembre de 1939, la Unión Soviética invadió Finlandia. El Parlamento finés se dirigió entonces a los Parlamentos de los países extranjeros pidiéndoles que apoyaran su causa, y censuraran la actitud soviética.

En la primera sesión de la Legislatura Ordinaria del mismo año, el Senador Carlos Concha, Presidente de la Comisión Diplomática de su Cámara, propuso hacer llegar al Parlamento y pueblo fineses un mensaje de “solidaridad y simpatía” con la defensa de su libertad y territorio. Según Concha, dicha manera de proceder estaba de acuerdo al credo democrático del país y a su política exterior tradicional218 .

El Senador Uriel García se opuso al pedido de Concha, ya que consideraba que el país debía concentrarse en los asuntos americanos y no intervenir en la política europea. Para fortalecer su posición, mencionó que la Cancillería peruana no había protestado ante la agresión alemana contra Austria y Checoslovaquia, producida el mismo año.

Los Senadores Aguirre Morales y Pastor pidieron entonces que el mensaje de solidaridad del Parlamento se hiciera extensivo a los países atacados por Alemania. Vale decir Austria, Checoslovaquia y Polonia.

El Senador Concha se opuso a este pedido ya que, en su opinión, se trataba de hechos pasados, acerca de los cuales el Ministerio de Relaciones Exteriores peruano ya había adoptado una posición. Señaló que una acción por parte del Senado representaría una interferencia con la política de la Cancillería. Además, señaló que Checoslovaquia y Polonia habían dejado de existir momentáneamente, por lo tanto, era necesario esperar antes de adoptar una posición con respecto a ambos países219 .

El Senador Víctor Arévalo, otro miembro de la Comisión Diplomática, señaló que una moción de solidaridad con los países agredidos por Alemania representaría una declaración de carácter doctrinario. Por lo tanto, pidió que fuera estudiada por la Comisión Diplomática, antes de ser sometida a votación. El Presidente de la Cámara, Senador Ernesto Montagne, sometió entonces a votación la moción presentada por Concha y fue aprobada. A pedido del propio Pastor, su pedido pasó a consideración de la Comisión Diplomática220 .

Pero no debemos dejar de mencionar tampoco que en la coyuntura de los primeros años de la Segunda Guerra, algunos políticos peruanos también tuvieron una postura ambigua frente a la cuestión de los extranjeros presentes en el Perú. Al interior del Parlamento peruano llegaron a manifestarse posiciones racistas y xenófobas, a tono con las tendencias ideológicas que habían surgido en el viejo continente.

En la Legislatura Ordinaria de 1939, el Diputado Calle Escajadillo, representante de la Provincia de Lucanas, solicitó que se oficiara a los Ministros de Gobierno, Policía y de Relaciones Exteriores, para que informaran a la Cámara acerca de la cantidad de judíos residentes en el país. Según Calle, dicha información era necesaria para que las autoridades pudieran actuar contra los abusos de los comerciantes judíos, quienes especulaban con los artículos de primera necesidad, encareciendo excesivamente sus precios y competían deslealmente con los comerciantes “honrados”221 .

El Diputado Luna apoyó el pedido de Calle, y solicitó que los Ministerios referidos informaran no sólo acerca del número de judíos, sino de todos los extranjeros residentes en el país. De esa manera se podría controlar la especulación e imponer una cuota de inmigración que permitiera “proteger la nacionalidad”. En respuesta, Calle pidió a Luna que se limitara a apoyar su petición, dejando para después la solución del problema de la especulación en general.

El Diputado Medelius afirmó que la Cancillería, el Ministerio de Gobierno y Policía difícilmente podrían proporcionar la información deseada por Calle. A pesar de esta apreciación, el Diputado Cohen, representante de Ucayali, apoyó el pedido de Luna. En su opinión, era necesario conocer cuáles eran las actividades a que se dedicaban los extranjeros residentes en el país y resolver el problema de la especulación.

Comprensiblemente irritado por la forma en que el Diputado Calle se había referido a los judíos, Cohen dijo:

“Y ahora, refiriéndome a la personalidad de los judíos, debo hacer esta declaración: Tengo el orgullo de ser descendiente de Judío. (Aplausos), y afirmo que, no obstante esta descendencia, he prestado y presto a mi Patria útiles y abnegados servicios, ya acudiendo presuroso y entusiasta varias veces a las fronteras amenazadas del Territorio nacional, ya desarrollando actividades patrióticas en orden a la vida interna de la República, siempre en resguardo del prestigio y de la integridad de la Nación. ¡Y quizá, señores Diputados, ... el señor Calle Escajadillo no podrá afirmar lo mismo en cuanto a él se refiere!”.222

Calle replicó a Cohen afirmando que era un ciudadano consciente de sus deberes y cumplidor de sus obligaciones con el país. Mencionó que se había enlistado en el Ejército a raíz de un diferendo con el Ecuador en la primeras décadas del siglo; que había costeado la preparación de un grupo de voluntarios con motivo del inminente conflicto con Colombia a principios de la década de 1930; y que, finalmente, había trabajado en favor de la Provincia de Lucanas, a la que entonces representaba en el Parlamento. Calle agregó:

“Sepa, pues, el señor Cohen, que yo también he cumplido y cumpliré siempre, como él, los deberes patrios que me corresponde. Y sepa, igualmente, que yo sí me avergonzaría de ser descendiente de Israelita” [sic]223 .

Intervino entonces el Diputado De la Puente quien sostuvo que una relación de los judíos residentes en el país no resolvería el problema de la especulación y el fraude creando, por el contrario, malestar en la colonia extranjera. Señaló que los judíos eran negociantes prósperos por su austeridad, su espíritu de ahorro y la capacidad para utilizar “el defecto de las leyes de un país en beneficio propio”. Lo que se necesitaba, en opinión de De la Puente, era crear leyes que protegieran el comercio y evitaran los problemas mencionados. De la Puente concluyó pidiendo al Diputado Calle que retirara su pedido.

El Diputado Urquieta apoyó a De la Puente, y agregó:

“...he visto con honda pena que se traiga a la Cámara de Diputados del Perú el horror de la persecución racial que ensombrece y pone tinte pavoroso a la vida actual de la Humanidad. También veo con lástima que se quiera negar a la raza judía todo valor en la Historia del Mundo. Se olvida, posiblemente –y esto es lamentable– que los judíos han dado a la Humanidad sus más altos valores, desde Jesús de Nazareth hasta Marx; desde Mendelshon [sic] hasta Disraeli y desde Spinoza hasta Einstein. Todos estos valores mundiales, que son tan numerosos que la memoria no alcanza para recordarlos, son suficientes para considerarnos dignos de ser prójimos de estos judíos a quienes tanto se denigra”224 .

Calle Escajadillo se negó a retirar su pedido, encareciendo a la Cámara a que votara a su favor. El Diputado Luna, por su parte, insistió en solicitar que el Ejecutivo informara acerca de las profesiones y actividades de los extranjeros residentes en el país. Aclaró que no era su intención “iniciar principios de lucha racial”, sino más bien, “combatir el dominio económico que ejercen determinadas colonias extranjeras”. Finalizado el debate, la moción de Calle fue sometida a votación. Fue descartada por 54 votos contra 25225 .

El Congreso peruano también mostró su preocupación por la propaganda política que agentes extranjeros pudieran hacer al interior del país. La Junta Censora de Películas era el ente oficial encargado de decidir que películas y escenas podían ser vistas y cuáles no. La supresión de aquellas escenas consideradas impropias estaba a cargo de un empleado de la Cancillería. Aparentemente, una vez iniciada la guerra, agentes diplomáticos extranjeros habían Tratado de presionar a los funcionarios encargados de la censura, con la finalidad de que dieran pase a determinadas películas o dejaran de censurar ciertas escenas226 .

En la Legislatura Ordinaria de 1939, el Senador Ruiz Bravo presentó una moción de orden mediante la cual el Senado comunicaba al Ministro de Justicia que vería con complacencia que los agentes diplomáticos extranjeros no intervinieran en el proceso de censura de películas. Una copia de la moción debía ser enviada al Ministerio de Relaciones Exteriores. Sometida a votación, la moción fue aprobada por la Cámara.

Durante el debate de la moción, el Senador Barreda mencionó que durante una visita a Nueva York, había leído una nota en un periódico norteamericano, en que se catalogaba al Perú como un país nazista, partidario de las potencias del Eje. La nota afirmaba inclusive que Alemania contaba con una base de aprovisionamiento en el puerto de Chicama.

A propósito de la intervención de Barreda, el Senador Concha sostuvo que eran los adversarios políticos del Presidente Mariscal Oscar Benavides, entre los cuales se encontraban los miembros del Partido Aprista, quienes habían desatado la campaña acusando al Perú de ser un país nazista. Concha opinó que no era necesario desmentir dicha campaña, ya que ella carecía de toda credibilidad227 .

En la propia Legislatura Ordinaria de 1939, el Senador Alberto Álvarez Calderón presentó un proyecto de ley, por el cual se disponía que aquellos impresos publicados en el país en un alfabeto diferente al latino, debían ir acompañados de una traducción simultánea en castellano. En las consideraciones de su proyecto, Álvarez Calderón señaló que el uso de un alfabeto diferente al latino, podía dar lugar a que se hiciera “propaganda contraria a los intereses nacionales, a la moral y a la salud, impidiendo que se procediera a su oportuno control”228 .

La Comisión de Legislación de la Cámara se mostró de acuerdo con el proyecto de Álvarez Calderón. Una vez introducidos ciertos cambios, el proyecto fue aprobado y enviado a la Cámara de Senadores229 .

Pero a raíz de la guerra, algunas autoridades peruanas temieron también la posibilidad de un movimiento migratorio incontrolado hacia el Perú. Hasta entonces, la nacionalización de extranjeros estaba regida por la Ley de Censo y Registro Cívico de 1861. De acuerdo con esta disposición, la facultad de otorgar títulos de nacionalización estaba en manos de las Municipalidades. Los alcances de la ley de 1861 habían sido modificados parcialmente por una resolución suprema de 13 de enero de 1938, que autorizaba a los concejos provinciales de las capitales departamentales a recibir y tramitar los expedientes de nacionalización, pero obligándolos a recabar una autorización especial de la Cancillería, antes de pronunciarse acerca de las solicitudes presentadas230 .

En vista de la necesidad de modernizar la legislación de nacionalización y también por la preocupación de que se produjera una inmigración descontrolada, el Poder Ejecutivo presentó un proyecto de Ley sobre Nacionalización de Extranjeros a la Legislatura Extraordinaria de 1939.

Dicho proyecto, compuesto de 16 artículos, entregaba la potestad de conceder la nacionalización al Ministerio de Relaciones Exteriores. Prohibía la nacionalización a quienes no supieran leer y escribir en castellano, a los condenados por delitos contra el Estado peruano, a quienes tuvieran “malas costumbres” y “cuando a juicio del Gobierno” hubiera motivo para negarla.

El proyecto señalaba que los extranjeros nacionalizados alcanzarían los beneficios sociales y educacionales reservados a los peruanos, luego de cuatro años de residencia en el país. En tanto vivieran dentro del Perú, no podían renunciar a la nacionalidad peruana, ni inscribirse en las legaciones y consulados extranjeros. La nacionalización sería revocada, en caso de que el beneficiario hiciera uso de su nacionalidad anterior. El encargado de revocar la nacionalidad sería el Poder Ejecutivo, con acuerdo del Consejo de Ministros. El aspirante a la nacionalización pagaría un derecho de título, según su actividad y condición económica, conforme a una tarifa oficial que oscilaría entre los S/. 100.00 y los S/. 5,000.00231 .

El proyecto fue aprobado por la Cámara de Diputados y pasó entonces a la Cámara de Senadores para su discusión. Las Comisiones Diplomática, de Constitución y de Gobierno estudiaron el proyecto y emitieron el dictamen correspondiente. Allí se pronunciaron a favor de que el Poder Ejecutivo asumiera el control del proceso de nacionalización de extranjeros. Lo consideraban la mejor manera de que el Estado peruano pudiera aplicar un criterio de selección con respecto a quienes quisieran nacionalizarse peruanos.

Al sustentar el dictamen mencionado, el Presidente de la Comisión Diplomática, Senador Carlos Concha, sostuvo:

“En el Perú nadie piensa, señor Presidente, en apartarse de la política tradicional que concedió siempre amplias facilidades para que el extranjero pudiera venir a nuestro suelo y adoptar nuestra nacionalidad. Mantenemos, en toda su integridad, la doctrina liberal y generosa que en este respecto profesamos desde los orígenes de la vida independiente del país. Mas claro está que, en la obligación imperiosa de resguardar a nuestra población de los peligros que encierra, en esta hora, un movimiento migratorio incontrolado, tratamos de aplicar al asunto un criterio de selección, y nos esforzamos por dictar leyes que sólo otorguen la nacionalidad peruana a quienes sean capaces de prestar servicios útiles y de permanecer fieles a los principios e instituciones que norman nuestra existencia de Nación soberana y democrática”232 .

A pesar de su acuerdo con el espíritu de la medida, las Comisiones Diplomática, de Constitución y de Gobierno, hicieron varias observaciones al proyecto propiamente dicho, y propusieron un proyecto alternativo.

En primer lugar, sostuvieron que era necesario extender el plazo requerido para obtener la nacionalidad peruana. De acuerdo con la Constitución de 1933, entonces vigente, dicho plazo era de dos años. Para las Comisiones senatoriales, se podía tomar como modelo la legislación norteamericana en la que se exigían cinco años en total como requisito para la nacionalización. En segundo lugar, las Comisiones recomendaron que se impusiera un mejor control para evitar la “doble nacionalidad”. Para ello, las autoridades peruanas debían exigir a los interesados que renunciaran formalmente a su nacionalidad previa, notificando a su país de origen por la vía diplomática233 .

Las Comisiones senatoriales se opusieron a que el pago por el derecho de título de nacionalización oscilara entre los S/. 100.00 y los S/. 5,000.00. En su opinión, ello dificultaría la inmigración extranjera. En cambio, recomendaron que el derecho fuera fijado en S/. 100.00. Las Comisiones también se opusieron a que el Poder Ejecutivo pudiera revocar la nacionalización de aquellos que hubieran incurrido en actos inmorales o delictuosos. Sostuvieron que quienes cometieran dichos actos, debían ser sometidos a las penas prescritas por la legislación peruana. Además, señalaron que era el Poder Judicial, y no el Ejecutivo, a quien debía corresponder la facultad de declarar la pérdida de la nacionalidad peruana234 .

Una vez que el Senador Concha terminó de sustentar el dictamen y proyecto alternativos presentados por las Comisiones senatoriales, intervino el Senador Bracamonte Orbegoso, representante de La Libertad. Éste apoyó el dictamen de las Comisiones, pero pidió que en el proyecto de ley alternativo se prohibiera a los nacionalizados peruanos no sólo inscribirse en consulados foráneos, sino también en “asociaciones de carácter nacionalista extranjero”235 .

El Senador Concha se mostró de acuerdo con el pensamiento de Bracamonte, pero señaló que mencionar a las asociaciones nacionalistas extranjeras en la ley discutida, representaría un reconocimiento oficial de su existencia. Por ello, pidió a Bracamonte que retirara su propuesta y que la prohibición legal de dichas asociaciones fuera discutida posteriormente.  Bracamonte estuvo de acuerdo, y retiró su propuesta.

Una vez sometido a votación, el proyecto alternativo presentado por las Comisiones del Senado fue aprobado por la Cámara236 .
 

d.  La situación posterior al ingreso de los Estados Unidos de América en la guerra

Una vez que los Estados Unidos ingresa en la guerra, el apoyo del Perú a la causa de los Aliados se tornó más decidido.

Inmediatamente después de producido el ataque japonés contra Pearl Harbour, el Gobierno peruano lo condenó enérgicamente. Asimismo, nuestro Gobierno envió una delegación a la Tercera Reunión de Consulta de Cancilleres de las Repúblicas Americanas en Río de Janeiro, en enero de 1942.

La reunión de Río de Janeiro, promovida por los EE.UU, buscó establecer medidas regionales de defensa y solidaridad económica. En el ámbito defensivo, la delegación peruana presentó los siguientes proyectos, que fueron aprobados por las delegaciones asistentes:

1. Recomendar a los Estados americanos tomar medidas militares y económicas destinadas a garantizar su patrimonio nacional.
2. Organizar un régimen de medidas colectivas para defender la integridad del continente.
3. Crear un Comité Interamericano de Solidaridad Jurídica, para elaborar un plan de reconstrucción de la “vida internacional americana” de post–guerra.
4. Nacionalizar los transportes marítimos, terrestres, aéreos y fluviales en las repúblicas americanas, para contribuir a la defensa continental.
5. Recomendar a los Estados americanos prohibir o limitar el uso de las valijas diplomáticas, de los correos de gabinete y de las valijas en tránsito, considerando la “propaganda antidemocrática” que los países del Eje habían realizado al amparo de la inmunidad para la correspondencia oficial.
6. Recomendar a los Estados americanos controlar la existencia de instituciones de carácter social, humanitario, deportivo y técnico, dirigidas o sostenidas por elementos de Estados extra–continentales que estuvieran o pudieran estar en guerra con países americanos. Clausurar dichas instituciones en caso fueran “focos de propaganda totalitaria”.

En el ámbito económico, la delegación peruana propuso:

1. Movilizar al continente económica y diplomáticamente, para asegurar la rapidez y amplitud del aprovisionamiento de los materiales estratégicos y básicos para la defensa hemisférica.
2. Incrementar la producción en general, y de ese modo resolver el problema del desempleo producido por el control o restricción de las actividades extranjeras.
3. Uniformizar los procedimientos relativos a las operaciones bancarias efectuadas por ciudadanos de los países del Eje.
4. Fomentar la industrialización productiva de los países americanos, incrementando las industrias existentes y propiciando el surgimiento de aquellas que estuviesen en países que hubieran dejado de ser amigos.
5. Cooperar en la cuestión de fletes marítimos.
6. Controlar las actividades de individuos y empresas extranjeras vinculados a la economía de los pueblos americanos.
7. Promover que la industria de posguerra garantizara la rehabilitación económica regional.237

Asimismo, el Canciller peruano asistente a la Tercera Reunión apoyó la ruptura de relaciones de los Estados americanos con las Potencias del Eje, lo que fue aprobado por unanimidad el 24 de enero de 1942.

Debe señalarse que el Gobierno peruano fue el primero en cumplir el acuerdo, notificando ese mismo día a los Ministros Plenipotenciarios de Alemania e Italia y al Encargado de Negocios de Japón, acreditados en Lima.

El 11 de abril de 1942, el Presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt invitó al Presidente Manuel Prado a realizar una visita oficial a Washington.

El día 13, el Poder Ejecutivo convocó a una Legislatura Extraordinaria del Congreso de la República, con la finalidad de obtener la autorización necesaria para poder dejar el país. El Congreso concedió su autorización el día 24 de abril, mediante resolución legislativa 9587,que señalaba:

“El Congreso, en uso de la atribución que le confiere el artículo 152 de la Constitución y de conformidad con lo prescrito en los artículos 134 y 154, inciso 1º de la misma, ha resuelto autorizar al Presidente de la República doctor don Manuel Prado para que, en ejercicio de la función presidencial, pueda salir del territorio nacional cuando lo considere oportuno y por un plazo no mayor de treinta días, con motivo de la visita de Estado a la República de los Estados Unidos de Norteamérica, a la que ha sido invitado por el Presidente de esa Nación, Excelentísimo Señor Franklin D. Roosevelt”238 .

Una vez obtenida la autorización del Parlamento, Prado partió el día 3 mayo. La visita a los Estados Unidos se prolongó hasta el día 20. Fue la primera ocasión en que un Presidente sudamericano en ejercicio realizó una visita oficial a los Estados Unidos. En Washington, Prado fue recibido en la Casa Blanca, el Capitolio y la Unión Panamericana. También conferenció con el Secretario de Estado norteamericano y estuvo en la Academia Naval de Annapolis. Luego, visitó fábricas de Ford, Chrysler y Curtis Wright, en las ciudades de Detroit, Chicago y Buffalo. Posteriormente, estuvo en la Universidad de Harvard, fue recibido por el Gobernador de Massachussets, visitando también el Banco Federal de Reserva y la Sociedad Panamericana en Nueva York.

Antes de su partida a Estados Unidos, y durante su estadía en dicho país, Prado recibió invitaciones de Cuba, Panamá, Venezuela y Colombia. El Presidente visitó dichos países en su camino de retorno al Perú, tratando de fortalecer la voluntad de colaboración latinoamericana con los Estados Unidos. El Presidente arribó al Perú el 31 de mayo.

El 10 de junio, Prado asistió al Congreso para participar de una reunión extraordinaria organizada en su honor. El Presidente recibió un pergamino con el texto de la siguiente moción, que había sido aprobada por unanimidad:

“El Congreso, aplaude con fervorosa emoción patriótica, la brillante actuación del Presidente de la República, Doctor Manuel Prado, en sus visitas a los Estados Unidos de Norte América, a Cuba, a Panamá, a Venezuela y a Colombia que, realzando el prestigio del Perú, han evidenciado que la Solidaridad de América, en el Credo Democrático, hará triunfar en el Mundo, el Imperio de la Libertad y del Derecho; y declara: que el Presidente Manuel Prado, ha comprometido, nuevamente, la Gratitud Nacional”239 .

El Senador Carlos Concha, Presidente de la Comisión Diplomática de su Cámara, sustentó la moción. Concha sostuvo que desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Perú había reiterado constantemente su compromiso con la defensa continental. Entre las expresiones de dicho compromiso, se encontraba la suscripción de la Declaración de Lima, documento en que se ratificaba el culto del Perú al ideal de la “Confraternidad Americana”. En opinión de Concha, la guerra propiamente dicha representaba el enfrentamiento entre los ideales de República, democracia, soberanía, y respeto de los derechos individuales, en contra del Estado autocrático. El Senador sostuvo que la ciudadanía había seguido con atención el viaje del Presidente Prado, durante el cual había podido expresar personalmente la solidaridad del Perú con los Estados Unidos, que luchaban en defensa de los ideales comunes. Por todo ello, el Senado había aprobado la moción que sustentaba240 .

También el Diputado Carlos Sayán Álvarez, Presidente de la Comisión Diplomática de su Cámara, pronunció un discurso exaltando el viaje de Prado. Sayán sostuvo que el ataque a Pearl Harbour había herido la dignidad no sólo de los Estados Unidos, sino de toda América. Por ello, los cancilleres de las democracias americanas se habían reunido en Río de Janeiro, para proclamar su solidaridad y tomar medidas a favor de la defensa continental. De ese modo, se había pasado de las declaraciones principistas a la acción efectiva.

En opinión de Sayán, el Presidente norteamericano Roosevelt había decidido invitar al Presidente Prado a visitar su país, debido a los vínculos espirituales entre ambos países, la organización democrática del Perú, sus esfuerzos históricos a favor de la independencia y su fervor panamericanista. Sayán señaló que:

“La trascendencia del viaje, sobrepasa todo móvil de carácter exclusivamente nacional. Tiene un significado más vasto. Es el símbolo viviente del nexo indestructible que une a las Américas, por su historia de libertad, por su resolución actual de rechazar toda agresión contra los principios de Igualdad, de Democracia y de Derecho, que alientan nuestra vida nacional e internacional, y por la determinación irrevocable de anular, para siempre, en la reorganización del mundo, las fuerzas que han desatado el odio entre los hombres”241 .

En opinión de Sayán, Prado había representado al “personero” de América Latina frente al “vigoroso hermano del norte”. Asimismo, había revitalizado los lazos del Perú con sus hermanos latinoamericanos. Y, finalmente, había dado un ejemplo al mundo mostrando cómo los pueblos americanos estaban unidos por la justicia, la democracia y el derecho.

Mientras tanto, Brasil había sido uno de los países latinoamericanos más perjudicados directamente por la Guerra Mundial. Entre febrero y agosto de 1942, veintidós embarcaciones brasileñas fueron torpedeadas por submarinos alemanes e italianos242 . La última embarcación atacada durante ese período fue la barcaza “Jacira”, el día 19 de agosto. En vista de estas agresiones, el día 22, el Presidente Getulio Vargas declaró el Estado de beligerancia entre su país y Alemania e Italia. El 31 del mismo mes, Brasil declaró la guerra a dichas potencias.

El mismo 19 de agosto, día en que la barcaza brasileña “Jacira” fue atacada, el Senado peruano condenó las agresiones en contra del vecino país. El Senador Pedro Ruiz Bravo, representante de Lambayeque, redactó la moción de orden del día, que decía:

“El Senado de la República, frente a la inaudita agresión alemana de que ha sido víctima la nación hermana del Brasil y atento a los deberes que le imponen su devoción a los Ideales Democráticos y su consecuencia a los Pactos Internacionales sobre Defensa y Solidaridad Americanas, expresa su condenación al alevoso ataque de que se ha hecho objeto a la Marina Mercante brasileña, su profundo pesar por la pérdida de preciosas vidas de ciudadanos de ese País y su adhesión indeclinable a la causa, en aras de la cual ese noble pueblo acaba de sufrir tan tremenda prueba”243 .

La Cámara de Diputados se aunó al Senado, aprobando la siguiente moción de orden:

“Ante el injustificado e inicuo hundimiento de cinco barcos mercantes brasileños, crimen cometido por los nazis fuera de la zona de guerra, y mediante el cual pretenden los totalitarios quebrantar el organismo económico e industrial de la pacífica y grande República del Brasil y aterrorizar a los pueblos de este continente; la Cámara de Diputados del Perú reafirma su Credo Democrático, y como expresión genuina del pueblo peruano, reitera a la amenazada Nación brasileña su invariable sentimiento de solidaridad”244 .

El día 23, el Poder Ejecutivo peruano condenó el incidente, considerándolo un atentado contra la soberanía y libertad americanas. Por ello, anunció oficialmente que daría al Brasil el trato de Estado “no beligerante”,  y propuso a los otros países sudamericanos iniciar una consulta permanente, con la finalidad de estudiar medidas colectivas o individuales en defensa del continente. El decreto presidencial correspondiente decía:

“El Presidente de la República,

considerando:

Que el Gobierno del Perú, ha recibido la comunicación oficial del Gobierno del Brasil denunciando el acto de agresión practicado por submarinos del Eje, contra sus navíos civiles que viajaban de puerto a puerto nacionales, y expresando que esos actos de guerra han creado una situación de beligerancia que el Brasil se ve obligado a reconocer; con acuerdo del Consejo de Ministros, decreta:

1.  El Perú considera el atentado realizado contra el Brasil como un acto de agresión contra los Estados Americanos, conforme a la Declaración XV de la Reunión de Consulta de La Habana;
2.  En consecuencia, dará al Brasil el trato de Estado no beligerante durante el conflicto suscitado.
3.  La Cancillería, de conformidad con la misma Declaración XV de La Habana, propondrá a las de los Gobiernos de los Estados de Sudamérica mantener una consulta permanente sobre las medidas colectivas para la defensa de esta parte del continente así como para el recíproco conocimiento de las acciones individuales que pueden adoptar;
4.  Este decreto será comunicado a la Unión Panamericana y a las repúblicas americanas¨”245 .

El 16 de marzo de 1943, el Vice–Presidente norteamericano Henry A. Wallace, inició una gira por Centro y Sudamérica. Llegó al Perú el día 9 de abril, luego de visitar Costa Rica, Panamá, Chile y Bolivia. Su llegada al territorio nacional fue sumamente peculiar, ya que ingresó por tierra desde Bolivia, siendo recibido por el Ministro de Fomento y Obras Públicas, Carlos Moreyra y Paz–Soldán, junto a otros altos funcionarios civiles y militares. Visitó Puno, Cuzco, Machu Picchu y Arequipa. Desde allí se dirigió en avión hasta Lima, donde arribó el día 13 de abril. En la capital, fue recibido por el Presidente Prado, Monseñor Fernando Cento, Nuncio Apostólico y decano del cuerpo diplomático, el Arzobispo Pedro Pascual Farfán, los Presidentes de los Poderes Públicos, los Ministros de Estado, representantes diplomáticos y otros funcionarios.

Durante su estadía en Lima, Wallace se alojó en Palacio de Gobierno. Tuvo la oportunidad de visitar la Estación Experimental Agrícola y la Escuela Nacional de Agricultura y Ganadería de La Molina, la Facultad de Medicina, el Hospital y Barrio Obreros, el Museo Prado, la Cámara Algodonera del Perú y la Universidad Mayor de San Marcos, entre otros.

El día 14, Wallace fue recibido en el Palacio Legislativo, en ceremonia organizada por el Presidente del Senado, Ignacio Brandariz. Asistieron también el Presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Solf y Muro, el Embajador de los EE.UU., Henry Norweb, y otros altos funcionarios.

El Senador Brandariz, quien pronunció el discurso de orden, exaltó el rol asumido por los Estados Unidos como defensores de la libertad y la soberanía de las naciones del mundo. Asimismo, declaró la identidad de ideales y objetivos entre el Perú y aquel país. Brandariz sostuvo:

“Cuando Usted, Excelentísimo señor, recorre estas Repúblicas de América, estamos seguros de que la visita para apreciar en ellas no sólo las circunstancias del instante y su aptitud económica, sino todo lo que tienen perennemente de independientes, de circunspectas y de insobornables, y a la vez, para hallarse seguro de que nuestro destino está indisolublemente ligado al destino de las Naciones Libres. De las Naciones donde los negocios y las pasiones no pasan de ser accidentes, mientras el respeto y la seguridad de las personas, de las ideas, de los acuerdos y de las discrepancias, constituyen hechos morales inmarcesibles. Confiamos en que de ese examen, que su mente “libre de prejuicio” esta haciendo, los peruanos saldremos airosos...”246 .

Wallace agradeció las palabras de Brandariz. Reiteró su confianza en que el Poder Legislativo peruano continuara representando cabalmente la voluntad de su pueblo, de su libertad y su soberanía. Además, hizo votos por que se continuara apoyando el progreso del Panamericanismo.

En la esfera militar, debe resaltarse que el Gobierno del peruano con las aprobaciones parlamentarias correspondientes permitió el establecimiento de una base aérea norteamericana en Talara, con la finalidad de contribuir a la protección del Canal de Panamá.

También recibió una misión aeronáutica norteamericana, en reemplazo de una similar italiana. Asimismo, colaboró en el patrullaje marítimo al sur del Canal.

En la esfera política, cooperó en las tareas de contra–inteligencia norteamericanas e instauró una política de deportación de peruanos de origen japonés. Según el estudioso norteamericano Ronald St John, el 83% del total de latinoamericanos de origen nipón deportados a los Estados Unidos provino del Perú.

En el ámbito económico, el Perú confiscó los capitales de ciudadanos de las potencias del Eje, acordó un préstamo con los Estados Unidos, apoyó el sistema de estabilización de precios, y estuvo dispuesto de desarrollar la producción de aquelllos materiales necesarios para la guerra. Es importante señalar que, a pesar de su colaboración con Estados Unidos, el Perú sólo declaró la guerra al Eje en 1944247 .
 

ii.  El Congreso peruano, el conflicto con el Ecuador de 1941 y el Protocolo de Río de Janeiro de 1942

a.  Los antecedentes del conflicto

El 6 de julio de 1936, los gobiernos del Perú y Ecuador acordaron someter sus diferencias al arbitraje “de jure” del Presidente de los Estados Unidos. Las delegaciones se reunieron en Washington.

Para los representantes ecuatorianos, el asunto en discusión era de carácter territorial: la negociación debía definir la propiedad de los territorios al norte de los ríos Tumbes, Huancabamba y Marañón.

Para los representantes peruanos, el asunto en discusión era, estrictamente, la delimitación de la frontera entre las provincias peruanas de Tumbes, Jaén y Maynas, y los territorios ecuatorianos adyacentes. Como resultado de estas posiciones contrarias, las negociaciones de Washington no tuvieron ningún resultado248 .

Luego de las fracasadas Conferencias de Washington, el Ecuador inició una campaña para tratar de alcanzar sus ilegítimas aspiraciones territoriales con respecto al Perú.

Por un lado, intentó conseguir el apoyo de otros países americanos, con la finalidad de forzar al Perú a realizar concesiones. En 1939, en su mensaje ante el Congreso de la República, el Presidente saliente, General Oscar Benavides, decía:

“La sólida posición jurídica que mantiene el Perú en el conflicto proviene del mérito incontrastable de los títulos en que apoya su derecho sobre los territorios disputados.....” (...). Si hasta hoy no se ha conseguido ese elevado objetivo, ello no se debe ciertamente a intransigencia por parte del Perú sino al carácter desproporcionado de las demandas ecuatorianas que pretenden desconocer la legitimidad de nuestros títulos y el valor jurídico de nuestra posesión sobre los territorios que el Ecuador reclama indebidamente como suyos”.249

La diplomacia peruana tuvo que mostrarse paciente frente a la estrategia militar ecuatoriana, que llevó a cabo varias ataques contra nuestro país, sin dejar de condenar las provocaciones y exigir el retiro de tropas. El objetivo principal de dichas agresiones habría sido establecer un cordón de guarniciones militares dentro de territorio peruano.

En efecto, a principios de 1938 tropas ecuatorianas penetraron 10 kilómetros por el río Santiago, lo que motivó la inmediata protesta de la Cancillería peruana.

Pocas semanas después, en febrero, fuerzas del vecino país ingresaron en el río Nashiño, siendo rechazadas por la guarnición peruana Arica. El acto motivó una nueva protesta de nuestra Cancillería.

En mayo, policías ecuatorianos ocuparon la isla de Matapalo en el río Zarumilla. Ante la protesta del Gobierno peruano, los invasores se retiraron.

Dos meses después, en julio, fuerzas invasoras establecieron un puesto en el sitio denominado “Isla Noblecilla”. Dicho lugar se encontraba al sur del río Zarumilla y al oeste de la línea fronteriza fijada por el statu quo. El Perú exigió la retirada de las tropas ecuatorianas, sin obtener resultados. En consecuencia, se vio forzado a desalojarlas por la fuerza.

En 1939, fuerzas del Ecuador procedentes de Huaquillas atacaron el puesto peruano de Aguas Verdes.

En el transcurso del año siguiente, las tropas invasoras establecieron nuevos puestos de vigilancia en Casitas al oeste del río Zarumilla, en Meseta del Caucho y en Cerro Huásimo, al sur de Zarumilla. Todos ellos dentro de territorio peruano.

La protestas de nuestro Gobierno no obtuvieron resultados.

A principios de 1941, fuerzas ecuatorianas atacaron el puerto peruano de El Corral. A fines de mayo, hicieron lo mismo en Cochas y, un mes después, en Pampa Larga250 .
 

b. Los enfrentamiento entre Perú y Ecuador

Fue antes estas provocaciones que el Gobierno peruano se vio forzado a tomar medidas para defender el territorio nacional.

El 11 de enero de 1941, el Presidente Manuel Prado creó el “Agrupamiento Norte”, fuerza militar bajo el mando del General de Brigada Eloy Ureta. La sede del comando respectivo se hallaba en Piura. En marzo, Ureta recibió órdenes de desalojar a los invasores ecuatorianos de Isla Noblecilla y Meseta del Caucho, restableciendo el statu quo vigente. Además, debía evitar nuevas incursiones desde el país del norte.

El 8 de abril de 1941, el Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador envió una circular a las Cancillerías americanas. Allí ofrecía iniciar negociaciones directas con el Perú, en el caso de recibir “garantías”, explicando que el Perú tenía la intención de agredir al Ecuador.

Al día siguiente, el Canciller peruano Solf y Muro protestó ante el tenor de la circular ecuatoriana. El Gobierno del vecino país respondió que nuestro Gobierno actuaba con exceso de “susceptibilidad”.

La Cancillería peruana declaró que la respuesta ecuatoriana era insatisfactoria y dejó subsistente su protesta previa. Una nueva nota de satisfacciones ecuatoriana tampoco fue aceptada, lo que fue comunicado al Gobierno de Quito por el Ministro Plenipotenciario del Perú mediante un memorándum251 .

Los gobiernos de Argentina, Brasil y Estados Unidos ofrecieron sus “servicios amistosos”, para auspiciar una solución justa y definitiva al diferendo, el 8 de mayo de 1941.

El Perú aceptó los buenos oficios ofrecidos. Poco después, los mismos países comunicaron a nuestro Gobierno su intención de ofrecer sugerencias acerca del modo más práctico para sostener conversaciones entre representantes de los países en litigio y de los gobiernos amigos.

El Gobierno peruano rechazó esta propuesta, pues era propia de una mediación, figura que habría representado cuestionar formalmente la soberanía peruana sobre Tumbes, Jaén y Maynas. Asimismo, nuestro Gobierno reiteró su respeto al statu quo vigente y su voluntad de suscribir un instrumento jurídico que garantizara definitivamente la paz entre las dos repúblicas252 . Todo ello, a pesar de que los ataques ecuatorianos contra posiciones peruanas no habían cesado desde principios del mismo año253 .

Los días 5, 6 y 7 de julio, tropas ecuatorianas procedentes de la provincia de El Oro, atacaron varios puestos de vigilancia peruanos ubicados al oeste del río Zarumilla. Dichas posiciones se hallaban claramente dentro de territorio peruano, de acuerdo con la línea de statu quo vigente. Los puestos atacados fueron: Aguas Verdes, Las Palmas, Lechugal, Quebrada Seca, Porvenir, Uña de Gato, Huásimo, Cuchareta, Matapalo y Corral.

Los ataques ecuatorianos no se limitaron a la frontera occidental entre ambos países, sino que también se produjeron en la zona selvática. El 10 de julio, tropas del vecino país atacaron las guarniciones peruanas de Bartra y Soplín. En todos los casos, las fuerzas peruanas fueron capaces de rechazar los ataques254 .

El Gobierno peruano temió que el Ecuador estuviera iniciando una gran ofensiva militar en contra del Perú.

Por ello el 14 de julio el Ministro de Guerra, General César de la Fuente, comunicó al General Ureta que era preciso desalojar a los puestos ecuatorianos indebidamente establecidos en territorio peruano. El objetivo era restablecer el statu quo legítimamente vigente. Ureta debía iniciar la acción aprovechando la primera ocasión que se presentara ante un ataque enemigo.

El Agrupamiento Norte inició las acciones el 23 de julio de 1941, en lo que se conoce como la “Batalla de Zarumilla”.

Aquel día, la Primera División Ligera, bajo la jefatura del Coronel Luis Vinatea y del Jefe de Estado Mayor, Teniente Coronel Manuel Odría, atacó exitosamente los puestos ecuatorianos situados indebidamente en territorio peruano. Las fuerzas de nuestro país lograron desalojar a sus rivales de Isla Noblecilla, Quebrada Seca, La Bomba y Casitas.

Las fuerzas peruanas de tierra contaron con la eficiente colaboración de la aviación nacional. En Quebrada Seca, se inmoló el Teniente FAP José Abelardo Quiñones. La aviación constató la presencia de concentraciones enemigas frente al destacamento peruano del Papayal y entre Chacras y Huaquillas. Asimismo, se tuvo noticias de la pronta llegada de refuerzos desde Guayaquil y Cuenca.

Los jefes militares peruanos temieron una contra–ofensiva del enemigo, por lo que se ordenó que la Primera División Ligera pasara a la ofensiva.

El día 24, las fuerzas peruanas capturaron Chacras y Huaquillas, los principales puestos ecuatorianos al otro lado del río Zarumilla, luego de intensos combates. Al día siguiente, tomaron los puestos ecuatorianos de Hualtaco, Balsalito, Guabillos, Carcabón, Casitas y Limón. Paralelamente, patrulleras peruanas tomaron las islas Payana y Matapalo. De esta manera, las fuerzas de nuestro país establecieron una zona de seguridad avanzada, al este de la frontera.

A partir de ese momento, las defensas ecuatorianas quedaron quebradas. Las fuerzas peruanas capturaron las poblaciones de Machala, Arenillas, Santa Rosa y Puerto Bolívar, así como también otras localidades secundarias. Para el 31 de julio, el Ejército nacional había ocupado toda la provincia ecuatoriana de El Oro255 .

En ese momento, el Gobierno ecuatoriano había convocado ya a 40,000 ciudadanos para organizar la defensa nacional, mediante un decreto de movilización. Los acontecimientos alarmaron a los otros países del continente ya que podían conducir a un Estado de guerra virtual entre Ecuador y Perú.

Los países mediadores gestionaron entonces el cese de hostilidades. El Gobierno de nuestro país se mostró favorable pero condicionó su aceptación a que el Gobierno ecuatoriano proporcionara garantías a los ciudadanos peruanos residentes en Ecuador y a la suspensión del decreto de movilización mencionado. Luego de gran resistencia, el Gobierno ecuatoriano aceptó las condiciones peruanas el 31 de julio. El Gobierno peruano ordenó inmediatamente la suspensión de las hostilidades256 .

En la frontera oriental, luego de los primeros ataques ecuatorianos a principios de julio, la Quinta Región Militar puso en Estado de alerta a todas las guarniciones. Las comunicaciones en la zona de selva eran sumamente difíciles, por lo que las guarniciones peruanas desconocían la suspensión oficial de hostilidades y reaccionaron frente a las provocaciones enemigas. A fines de julio, una avanzada ecuatoriana en el río Tarqui atacó la guarnición peruana de Arica. Las tropas peruanas contraatacaron, logrando capturar dos puestos enemigos. Paralelamente, las fuerzas del puesto peruano Vicealmirante Carbajal tomaron la posición ecuatoriana de Platanoyacu. El 1º de agosto, la guarnición peruana Subteniente Castro ocupó el puesto rival de Yaupi y, al día siguiente, el de Santiago.

El 11 de agosto, luego de constantes roces, la guarnición peruana Cabo Pantoja capturó el puesto enemigo de Rocafuerte, en la desembocadura del río Aguarico en el río Napo. A consecuencia de esta acción, cayeron sucesivamente otras guarniciones ecuatorianas: Lagartococha, Redondococha, Ysuni y Edén.

Desde el río Pastaza, fuerzas del puesto de Soplín capturaron Huachi y Sihuin, mientras que en el río Morona, la guarnición de Vargas Guerra capturó Cashime257 .

Las exitosas acciones peruanas, llevaron a los Senadores por Loreto, Mavila y Montagne, a presentar la siguiente moción ante su Cámara, en agosto de 1941:

“El Senado felicita y aplaude a las fuerzas armadas de la quinta región militar por su brillante actuación en la frontera Nor–oriental y protesta ante la conciencia del Continente por la inculta campaña de prensa y radio del Ecuador, contra el Perú”

El Senador Diez Canseco apoyó la moción, y propuso agregar una protesta por los continuos atropellos cometidos por el Ecuador en contra del Perú. Entre dichos atropellos, se encontraban: agravios contra los peruanos que desembarcaban en Guayaquil; gritos hostiles al Perú desde los puestos fronterizos ecuatorianos; insultos contra nuestro país en los medios de comunicación del Ecuador; y, finalmente, la transgresión de la línea fronteriza del statu quo por fuerzas ecuatorianas. Ante este último hecho, las fuerzas armadas peruanas se habían visto obligadas a lanzar una ofensiva contra el Ecuador258 .

La moción fue secundada por el Senador Urdanivia Gines, representante de Tacna; el Senador Salmón, representante de Huánuco; y el Senador Arévalo, representante de San Martín. La redacción final de la moción fue la siguiente:

 “Los Senadores que suscriben, teniendo en consideración:

Que las fuerzas que componen la Quinta Región Militar del Perú, las Fuerzas Fluviales y el Escuadrón de Aviación del Oriente, por el comportamiento que han tenido al repeler victoriosamente el incalificable atentado del Ecuador contra la integridad territorial peruana, merecen el aplauso del Senado, por cuanto comprometen la gratitud nacional;

Que este hecho da gloria y prestigio a los institutos armados que en todo momento ponen a prueba su lealtad con los deberes que les impone la Patria, demostrando saber castigar en forma ejemplar las absurdas pretensiones de quienes tratan de sorprender el amplio sentido de solidaridad americanista y el sentimiento eminentemente pacífico del Perú;

 Proponen la siguiente moción de Orden del Día:

1º  Enviar, por conducto de los Ministerios de Guerra y de Marina y Aviación, su voto de felicitación y aplauso a las fuerzas que componen la Quinta Región Militar del Perú, a las Fuerzas Fluviales y de Aviación del Oriente, por su brillante actuación en la frontera Noreste, repeliendo el intento de invasión de las fuerzas ecuatorianas; y

2º Protestar ante la conciencia del continente por la inculta campaña de prensa y radio que hace contra el Perú el vecino del Norte; y por los constantes atropellos y ataques a los puestos fronterizos, que ocasionan pérdidas de vidas entre los valerosos miembros de nuestros institutos armados”259 .

A mediados de setiembre, tropas peruanas sufrieron un ataque y una emboscada en la Provincia del Oro, a pesar del compromiso de suspensión de hostilidades. Los jefes militares peruanos estuvieron a punto de iniciar bombardeos sobre territorio ecuatoriano. Sin embargo, Argentina, Brasil y Estados Unidos, interpusieron nuevamente sus buenos oficios.

Merced a sus gestiones, representantes de Perú, Ecuador, Argentina, Brasil y los Estados Unidos se reunieron el 2 de octubre. El resultado fue el “Acuerdo de Talara”, que dispuso el cese del fuego y estableció una zona desmilitarizada entre ambos países. En el caso del Ecuador, dicha zona sería administrada por autoridades civiles, con colaboración de la policía de ese país, bajo control y fiscalización de observadores militares de los países mediadores260 .
 

c. El rol de los países mediadores en la gestación del Protocolo de Río de Janeiro

Concluída la campaña militar de julio y agosto de 1941, la diplomacia ecuatoriana trató que los países mediadores presionaran al Perú, a fin de que éste se comprometiera a desocupar el territorio del país vecino hasta la línea de statu quo fijada en julio de 1936. El Perú condicionó la desocupación del territorio ecuatoriano a la firma de un acuerdo de límites definitivo entre los dos países.

El ingreso de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, a raíz del ataque japonés contra Pearl Harbour en diciembre de 1941, afectó las relaciones diplomáticas en todo el continente americano. Estados Unidos necesitaba la colaboración de los países latinoamericanos para poder realizar su esfuerzo bélico exitosamente. Una condición imprescindible para ello era que reinara la paz en la región. Por ello, tanto los Estados Unidos como los otros países mediadores, presionaron al Perú y al Ecuador para que llegaran a una solución definitiva de sus problemas.

Producido el ingreso de Estados Unidos en la guerra, la Organización de Estados Americanos convocó a la Tercera Reunión Consultiva de Ministros de Relaciones Exteriores, a realizarse en Río de Janeiro en enero de 1942.

El objetivo de la reunión era conseguir la solidaridad continental frente al ataque japonés contra los norteamericanos. La diplomacia ecuatoriana intentó infructuosamente que el problema territorial con el Perú fuera incluido en la agenda de la reunión, pero el Perú se opuso y tuvo éxito. En cambio, la diplomacia ecuatoriana sí consiguió que los países mediadores presentaran una propuesta base para el arreglo de paz a fines de diciembre de 1941.

La propuesta base comprendía dos aspectos. Primero, que ambas partes aceptasen el statu quo de 1936; segundo, que se realizara una conferencia preliminar en Buenos Aires, para lograr luego un acuerdo final. El Ecuador aceptó la propuesta de los mediadores de inmediato. El Perú se negó a realizar negociaciones preliminares y declaró su preferencia por una negociación definitiva, luego de la cual desocuparía el territorio que había capturado. Además, se mostró dispuesto a aceptar el statu quo de 1936, pero únicamente como referente261 .

A inicios de enero de 1942, el Canciller ecuatoriano Julio Tobar Donoso se reunió en Washington con el Subsecretario de Estado norteamericano, Summer Welles. Según Gustavo Pons Muzzo, en ese momento los países mediadores se encontraban ya formulando una propuesta de línea fronteriza, que fue de conocimiento del Canciller ecuatoriano y contó con su consentimiento. Al mismo tiempo, Welles comunicó a Tobar Donoso que el Perú insistía en lograr un arreglo definitivo del problema fronterizo, antes de proceder a desocupar el territorio que había capturado.

La Tercera Reunión Consultiva de Ministros de Relaciones Exteriores se inició a mediados de enero de 1942. A pedido del Canciller brasileño, Oswaldo Aranha, el Canciller Tobar Donoso le presentó un anteproyecto de Protocolo, el día 18 de enero. Allí se obligaba al Perú a retirar sus fuerzas detrás de las posiciones del statu quo de 1936, en un plazo de quince días, bajo la supervisión de observadores neutrales. El Ecuador, por su parte, se comprometía a mantener sus fuerzas en los lugares establecidos por el Acuerdo de Talara. Como concesión, obtendría la libre navegación de los ríos orientales.

Los mediadores serían garantes del Protocolo. Ellos fijarían una línea fronteriza definitiva, tomando como base el statu quo de 1936. En caso de que se presentaran desacuerdos entre las partes durante el proceso de delimitación, los mediadores serían  los encargados de resolverlos. Estos podrían unir los puntos de posición de dicho statu quo, mediante líneas naturales y lógicas, sin recurrir –en lo posible– a líneas imaginarias. También podrían hacer compensaciones para regularizar la línea fronteriza. En caso se presentaran dificultades para la ejecución del Protocolo, se resolverían mediante arbitraje de los mediadores262 .

A pedido del propio Canciller Aranha y del Subsecretario de Estado norteamericano Welles, el Ecuador también presentó un proyecto de línea fronteriza, el día 21 de enero. La línea sería la siguiente:

1. Desde la desembocadura del río Zarumilla hasta los orígenes del río Canchis, la línea sería la del statu quo de 1936. El Perú conservaría la isla Capón, en el archipiélago de Jambelí.
2. La línea continuaría por el curso del río Canchis, hasta su desembocadura en el río Chinchipe.
3. A continuación, la línea iría por el río San Francisco, desde su desembocadura en la margen izquierda del río Chinchipe, hasta sus orígenes.
4. Desde los orígenes del río Chinchipe, hasta el vértice de las Cordilleras del Cóndor, San Francisco y Candinama.
5. Desde el vértice mencionado, una línea recta hasta la desembocadura del río Santiago en el río Marañón.
6. Por el río Marañón, hasta la desembocadura del río Morona.
7. Por la margen derecha del río Morona, hasta Vargas Guerra.
8. Por el río Cangaime, hasta los orígenes del río Pinchis.
9. Por el curso del río Pinchis, hasta su desembocadura en el río Pastaza.
10. Desde el punto mencionado hasta la confluencia del río Cononaco con el río Curaray, en línea recta.
11. Por el río Curaray, aguas abajo, hasta la confluencia del río Nashiño.
12. Desde dicha confluencia, hasta la desembocadura del río Nashiño en el río Napo, en línea recta.
13. Por el curso del río Napo, hasta su confluencia con el río Aguarico.
14. Desde la desembocadura del río Aguarico, aguas arriba, hasta la boca del río Zancudo o Lagartococha.
15. Por el curso del río Zancudo, hasta sus orígenes, prolongados en línea recta hasta el «divortium aquarum» entre los ríos Napo y Putumayo263 .

En principio, el Perú no podía aceptar la propuesta ecuatoriana, porque en la margen izquierda del río Marañón, entre los ríos Santiago y Morona, existían varias poblaciones peruanas desde la época colonial.

En consecuencia, el 25 de enero, el Gobierno peruano presentó su propia propuesta de línea fronteriza.

El aspecto más saltante de dicha propuesta era que no concedía a Ecuador salida a los ríos Putumayo ni Marañón, acceso que dicho país nunca había tenido. El país vecino replicó con una contrapropuesta que no fue aceptada por el Perú ni por los países mediadores.

Éstos decidieron postergar la clausura de la Tercera Reunión Consultiva y elaborar su propia propuesta de Protocolo, tomando como base las aspiraciones del Ecuador y las concesiones que el Perú estaba dispuesto a hacer, llegando incluso a presionar al Gobierno de nuestro país con la finalidad de lograr un acuerdo definitivo.

El 28 de enero, los mediadores presentaron un proyecto de Protocolo que proponía la siguiente línea de frontera:

• En el Occidente:

1.  Estero de la salida natural del río Zarumilla
2.  Río Zarumilla y meridiano al río Puyango (Tumbes)
3.  Río Puyango hasta la Quebrada de Cazaderos
4.  Quebrada de Cazaderos
5.  Quebrada de Pilares hasta su desembocadura en el río Chira
6.  Río Chira, aguas arriba
7.  Río Macará, Calvas y Espíndola, aguas arriba, hasta los orígenes de este último río, en el Nudo de Sabanillas
8.  Línea que, pasando por las cumbres, encontraba las nacientes de la quebrada de Gramalotal
9.  Quebrada de Gramalotal hasta su desembocadura en el río Canchis
10.  Río Canchis, en todo su curso, aguas abajo
11. Río Chinchipe, aguas abajo, hasta el punto en que recibe el río San Francisco

• En el Oriente:

1.  De la Quebrada del Río San Francisco al «divortium aquarum» entre los ríos Zamora y Santiago,  hasta la confluencia del río Santiago con el río Yaupi
2.  Una línea desde la boca del río Bobonaza en el río Pastaza. Confluencia del río Cunambo con el río Pintoyacu, en el río Tigre.
3.  Boca del río Cononaco en el río Curaray, aguas abajo hasta Bellavista
4.  Una línea hasta la boca del río Yasuni en el río Napo. Por el río Napo, aguas abajo, hasta la boca del río Aguarico
5.  Por el río Aguarico, aguas arriba, hasta la confluencia del río Lagartococha (Zancudo) con el río Aguarico
6.  El río Lagartococha o Zancudo, aguas arriba, hasta sus orígenes. Desde allí, una línea recta hasta el encuentro con el río Güeppi. Por este río, hasta su desembocadura en el río Putumayo. 264

El artículo décimo del proyecto planteaba que ambas partes aceptarían la línea propuesta como frontera definitiva. A pesar de ello, se podrían hacer concesiones recíprocas sobre el terreno para ajustar la línea a la realidad geográfica. En su última parte, el mismo artículo señalaba que las rectificaciones posteriores serían únicamente de detalle, y que se realizarían con intervención de los mediadores, «en el lugar que las partes convengan».

El Gobierno peruano aceptó la línea propuesta por los mediadores, concediendo así al Ecuador un acceso al río Putumayo, que éste no había tenido anteriormente. También accedió, a última hora, a otorgar al Ecuador la libre navegación por los afluentes de los ríos Marañón y Amazonas. En cambio, no aceptó la última parte del artículo décimo del proyecto, ya que podía dar lugar a reclamaciones posteriores del país vecino. El Gobierno ecuatoriano, por su parte, objetó los puntos 1°, 2°, y 3° de la línea en el lado occidental, lo que fue aceptado por el Gobierno de nuestro país. Además, se modificó la parte final del punto 6° de la parte referente al lado oriental, agregándose: «y por el Putumayo arriba hasta los límites del Ecuador y Colombia». Asimismo, se cambió la introducción al artículo 9°265 .
 

d. El Protocolo de Río de Janeiro

Una vez terminadas las negociaciones, las partes firmaron el Protocolo de Río de Janeiro, el día 29 de enero de 1942. El objetivo explícito del acuerdo era «dar solución a la cuestión de límites» que separaba a Perú y Ecuador.

El Perú estuvo representado por el Ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Solf y Muro, y el Ecuador, por el Canciller Julio Tobar Donoso.

El acuerdo contó con el auspicio del Presidente brasileño Getulio Vargas, y se firmó en presencia de los Cancilleres de Argentina Enrique Ruiz Guiñazú, de Brasil Oswaldo Aranha, y de Chile Juan B. Rossetti, y del Sub–Secretario de Estado norteamericano señor Summer Welles.

Al inicio del documento, ambos países afirmaron su voluntad de mantener relaciones de paz, amistad, comprensión y buena voluntad. Además, se comprometieron a «abstenerse el uno respecto del otro, de cualquier acto capaz de perturbar esas relaciones». El Perú se obligó a retirar sus fuerzas militares, hasta la línea de frontera determinada por el propio acuerdo, en un plazo de quince días. Los puntos que definían la línea fronteriza eran:

• En el Occidente:

1. Boca de Capones, en el Océano Pacífico
2. Río Zarumilla y Quebrada Balzamal
3. Río Puyango o Tumbes, hasta la Quebrada de Cazaderos
4. Cazaderos
5. Quebrada de Pilares y del Alamor, hasta el río Chira
7. Río Chira, aguas arriba
8. Ríos Macará, Calvas y Espíndola, aguas arriba, hasta los orígenes de este último río, en el Nudo de Sabanillas
9. Desde el Nudo de Sabanillas hasta el río Canchis
10. Todo el curso, aguas abajo, del río Canchis
11. Río Chinchipe, aguas abajo, hasta el lugar en que recibe al río San Francisco

• En el Oriente:

1. De la Quebrada de San Francisco, el «divortium aquarum» entre los ríos Zamora y Santiago, hasta la confluencia del río Santiago con el río Yaupi
2. Una línea hasta la boca del río Bobonaza con el río Pastaza. Confluencia del río Cunambo con el río Pintoyacu, en el río Tigre
3. Boca del río Cononaco en el río Curaray, aguas abajo, hasta Bellavista
4. Una línea hasta la boca del río Yasuni en el río Napo. Por el río Napo, aguas abajo, hasta la boca del río Aguarico
5. Por el río Aguarico, aguas arriba, hasta sus orígenes. Desde allí, una línea recta hasta el río Güeppi, y por este río hasta su desembocadura en el río Putumayo. Por el río Putumayo, arriba, hasta los límites de Ecuador y Colombia.

La línea establecida por el Protocolo debía servir como base para fijar posteriormente la frontera «en el terreno». Durante el trazado de la frontera, Ecuador y Perú podían realizar concesiones recíprocas, con la finalidad de «ajustar la referida línea a la realidad geográfica».

Los países que contribuyeron al acuerdo de paz –Estados Unidos, Argentina, Brasil y Chile– fueron nombrados «garantes» del Protocolo. Dichos países acordaron enviar observadores militares con la finalidad de supervisar la desocupación y retiro de tropas peruanas del territorio ecuatoriano. El Ecuador se comprometió a ejercer exclusivamente jurisdicción civil en las zonas desocupadas por el Perú «hasta la demarcación definitiva de la línea fronteriza».

El Perú concedió a Ecuador los mismos derechos de navegación amazónica que había otorgado a Brasil y Colombia. Además, se acordó la celebración de un Tratado de Comercio y Navegación posterior, «destinado a facilitar la navegación libre y gratuita en los referidos ríos». Las partes se comprometieron a resolver las dudas y desacuerdos que pudiera surgir con motivo de la ejecución del Protocolo, con el concurso de los países garantes.

El Protocolo debía someterse a los Congresos de Perú y Ecuador a fin de ser aprobados en un plazo no mayor de treinta días266 .
 

e. El Congreso peruano y el Protocolo de Río de Janeiro

El Parlamento peruano aprobó el Protocolo de Río de Janeiro el 26 de febrero de 1942. El Presidente Manuel Prado lo ratificó y promulgó el mismo día. La resolución legislativa tuvo el número 9574. Su fundamentación señalaba:

“... El Congreso, en uso de la atribución que le confiere el inciso 21º del art. 123 de la Constitución del Estado, ha resuelto aprobar el Tratado de Paz, Amistad y Límites, celebrado con el Ecuador, en los términos textuales del Protocolo suscrito en Río de Janeiro el 29 de enero de 1942, por los Ministros de Relaciones Exteriores del Perú y del Ecuador, doctores Alfredo Solf y Muro y Julio Tobar Donoso, respectivamente, y refrendado por los señores Enrique Ruiz Guiñazu, Ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina; Oswaldo Aranha, Ministro de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos del Brasil; Juan B. Rossetti, Ministro de Relaciones Exteriores de Chile y Sumner Welles, Sub–Secretario de Estado de los Estados Unidos de América. Lo comunicamos a Usted, para su conocimiento y demás fines”267 .

Además, en la moción de orden del día, el Poder Legislativo reiteró su confianza al Ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Solf y Muro, y elogió su acertada gestión diplomática.

Asimismo, el Parlamento expresó públicamente su reconocimiento a los Cancilleres de los países garantes.

Una vez culminada la sesión en que se aprobó el Protocolo, una Comisión especial de miembros de las dos cámaras legislativas, encabezada por el Presidente del Congreso, Gerardo Balbuena, marchó a Palacio de Gobierno. Allí, entregaron al Presidente Prado la Autógrafa de la Ley que ratificaba el Protocolo de Río.

Balbuena pronunció un discurso felicitando al Presidente Prado por haber promovido la solución definitiva del diferendo fronterizo con el Ecuador268 .

Por su parte, el Congreso ecuatoriano aprobó el Protocolo el mismo día 26 de febrero, y fue ratificado por el Presidente constitucional del vecino país, Carlos Arroyo del Río, dos días después. Es importante señalar que, para ese momento, las tropas peruanas ya habían desocupado el territorio ecuatoriano, movimiento que habían completado para el día 14 de febrero.

El 31 de marzo de 1942, los embajadores del Perú y Ecuador, Jorge Prado y Enrique Arroyo Delgado, se reunieron en la ciudad de Petrópolis de Brasil, para canjear las ratificaciones del Protocolo.

El canje se realizó bajo la presidencia del mandatario brasileño, Getulio Vargas, y los representantes de Estados Unidos señor Jeferson Caffery, de Chile señor Mariano Fontecilla, de Argentina señor David Traynor, y de Brasil señor Oswaldo Aranha.
 

f.  El proceso de demarcación de la frontera entre Perú y Ecuador de acuerdo con el Protocolo de Río de Janeiro

La Comisión Mixta Ecuatoriana–Peruana Demarcadora de Límites inició sus actividades el día 2 de junio de 1942, en la localidad ecuatoriana de Puerto Bolívar de la provincia de El Oro.

De acuerdo con el Protocolo, el trabajo de demarcación se dividió en dos sectores: Occidental y Oriental. La Comisión peruana de la Sección Occidental de la frontera estuvo integrada por miembros del Ejército. La Comisión de la Sección Oriental fue confiada a miembros de la Marina.

Una vez que la Comisión Mixta inició sus labores, sus miembros acordaron el Acta de Reglamentación de los Trabajos de la Comisión. El artículo séptimo de dicha acta señalaba que, en caso de que surgieran dudas o desacuerdos, las Comisiones Mixtas de la Sección correspondiente elaborarían un acta. Ésta indicaría las opiniones de cada uno de los Presidentes de Comisión. Dicha acta sería enviada a los gobiernos respectivos, con la finalidad de llegar a un arreglo, con intermediación de los garantes del Protocolo. Una vez que los gobiernos ecuatoriano y peruano definieran la línea fronteriza, ésta sería demarcada por la Comisión Mixta. El artículo indicaba claramente que los desacuerdos surgidos no debían afectar los trabajos de demarcación269 .

Durante el proceso de demarcación inicial, se presentaron cuatro desacuerdos en el sector occidental de la frontera, y dos en el sector oriental de la misma. Al Occidente, las diferencias se refirieron al sector del río Zarumilla, al sector del río Puyango, al sector de la quebrada de Cazaderos y al sector del Nudo de Sabanillas. En el Oriente, se produjo una diferencia acerca de la naciente del río Lagartococha y la otra surgió en la Cordillera del Cóndor cerca de la quebrada de San Francisco, hacia la confluencia de los ríos Yaupi y Santiago.

De acuerdo con el procedimiento fijado por el Protocolo, los gobiernos de Ecuador y Perú acudieron a los países garantes para resolver los desacuerdos. Éstos, a su vez, encomendaron la tarea a la Cancillería del Brasil.

Luego de estudiar detenidamente el asunto, el 17 de mayo de 1944, el Canciller brasileño Oswaldo Aranha presentó una fórmula para resolver los desacuerdos en el sector Occidental. En el caso del sector Oriental, propuso el arbitraje del Capitán de Mar y Guerra brasileño Braz Días de Aguiar, quien contaba con la capacidad técnica para tal efecto270 .
 

g. La divergencia en la Cordillera del Cóndor

En la Córdillera del Cóndor, la propuesta peruana fue que la línea fronteriza comenzara en el punto accesible más cercano a las nacientes del río San Francisco. Luego, se prolongaría por las altas cumbres que formaban el «divortium aquarum» entre los ríos Zamora y Santiago o sus afluentes, llegando hasta el último punto de dicho «divortium». Desde allí, la línea seguiría de manera recta hasta el «thalweg» de la confluencia del río Yaupi con el río Santiago.

La Comisión ecuatoriana se opuso a la propuesta peruana argumentando, inicialmente, que era preciso determinar cuál era el último punto del «divortium aquarum» entre el Zamora y el Santiago. Más tarde, sostuvo que la línea demarcatoria debía seguir estrictamente las altas cumbres de la Cordillera del Cóndor. Finalmente, el Gobierno ecuatoriano afirmó que la línea fronteriza debía seguir por el curso de la Quebrada San Francisco hasta el río Yaupi, por medio de la divisoria de aguas entre los ríos Zamora y Santiago. En caso de no hallarse tal divisoria de aguas, total o parcialmente, debía ser completada por una línea geodésica que uniera los puntos extremos de la línea, la de Quebrada de San Francisco y la desembocadura del río Yaupi en el río Santiago. Dicha línea sería adaptada luego a los accidentes del terreno271 .

El 14 de julio de 1945, el Capitán Braz Dias de Aguiar emitió su fallo arbitral. Según Días de Aguiar, al contrario de lo que se supuso en el Protocolo de Río, el «divortium aquarum» entre los ríos Zamora y Santiago no llegaba a la confluencia del río Yaupi.  A pesar de ello,  la intención del Protocolo era llevar la línea fronteriza desde el río San Francisco hasta la confluencia del río Yaupi con el río Santiago, por la línea natural más directa y reconocible. Por ello, la  demarcación fronteriza debía ser hecha de acuerdo con el «divortium aquarum» Zamora–Santiago, aunque éste no correspondiera a la línea de las altas cumbres de la Cordillera del Cóndor. En su fallo, Dias de Aguiar concluía que la frontera debía ser definida:

«De la naciente del río San Francisco seguirá por el divortium aquarum entre los ríos Zamora y Santiago hasta la parte Norte de donde se desprende el contrafuerte que va a terminar frente a la confluencia del Yaupi (más o menos en el punto D de la carta anexa no. 18); en seguida por ese contrafuerte, esto es, por el divisor que separa las  aguas que van para el Norte a desaguar en el río Santiago, arriba de la boca del Yaupi, de las que van para el Este a desembocar en el mismo río abajo de dicho afluente. Si la extremidad de este divisor de aguas no alcanza a la confluencia del Yaupi, la divisoria será una recta entre su extremidad y la referida confluencia»272 .

El fallo de Dias de Aguiar tuvo consecuencias ambivalentes. Fue favorable al Ecuador, en el sentido que dispuso que el «divortium aquarum» debía ir de la Quebrada de San Francisco a la confluencia de los ríos Yaupi y Santiago. Fue favorable al Perú en tanto estableció que sí existía una divisoria de aguas entre los ríos Zamora y Santiago y que dicha divisoria estaba formada por la Cordillera del Cóndor y el contrafuerte que parte hacia el norte273 .

El fallo de Dias de Aguiar fue aceptado tanto por el Perú como por Ecuador274 . En consecuencia, la demarcación fronteriza continuó, firmándose dos acuerdos adicionales, en los que el Gobierno del vecino país reconoció claramente la existencia del «divortium aquarum» entre los ríos Zamora y Santiago.

Sin embargo, la posición oficial del Ecuador cambió inesperadamente un año más tarde, en 1949. En dicho año, el Ecuador no cumplió con enviar sus comisiones a los lugares en donde debía continuar la demarcación. Un año después, luego del levantamiento del hito «20 de noviembre», el Presidente ecuatoriano Galo Plaza Lasso decidió interrumpir el proceso demarcatorio.

Contradiciendo la postura previa de su país, Plaza declaró que el «divortium aquarum» Zamora–Santiago no existía. Además, reclamó para su país –infundadamente– una salida soberana al río Marañón275 , postura que paralizó el progreso de ambos pueblos por muchas décadas más.

Llegados a este punto debemos concluir, entonces, para los efectos de este capítulo, que el período de la Segunda Guerra Mundial representó un momento muy complejo para el Estado peruano y su política internacional, lo que repercutió en las decisiones del Congreso.

Al interior del Congreso de la República, se presentaron iniciativas destinadas a paliar los efectos económicos del conflicto. También se presentaron mociones destinadas a expresar solidaridad con los países atacados por el totalitarismo. Paralelamente, el Congreso también fue un espacio en el que se reflejaron los enfrentamientos ideológicos que se producían en el escenario mundial: por un lado, las tendencias xenófobas y racistas y, por otro, las libertarias y democráticas. Finalmente, primó la solidaridad con las Potencias Aliadas, especialmente con los Estados Unidos. Esto vino acompañado de una renovación de la tendencia a la integración regional, representada en este caso por el Panamericanismo.

El Congreso tuvo que aprobar políticamente las acciones militares contra el Ecuador, en defensa de la soberanía nacional. De igual manera, aprobó el Protocolo de Río de Janeiro, respaldando la  búsqueda de una solución justa y definitiva del problema fronterizo con el Ecuador.