Reflexiones Finales


Han pasado muchos años desde el nacimiento del Perú como República independiente. Desde entonces, muchos Congresos fueron instaurados periódicamente como resultante del ejercicio democrático del poder emanado del pueblo. En otros casos, luego de abruptas rupturas constitucionales, los Congresos fueron convocados como poder constituyente para refundar el Estado restableciendo o reformando las instituciones públicas democráticas para que los diversos temas de interés nacional sean atendidos por éstas de acuerdo a los límites de su competencia. Precisamente, en los asuntos internacionales correspondientes al Congreso, las Comisiones Diplomáticas primero y las Comisiones de Relaciones Exteriores después, fueron diseñadas para desempeñar un papel destacado. Es importante señalar,  por otro lado, que estas comisiones estuvieron casi siempre conformadas por destacados líderes políticos e ilustres y connotados personajes de la sociedad peruana en su conjunto.

A sólo dos décadas para que el Perú cumpla 200 años de vida independiente, hemos considerado oportuno repasar la historia para reflexionar sobre el futuro rol del Congreso a través del estudio de la trascendental tarea parlamentaria en torno a los asuntos internacionales.

En esta orientación proponemos algunas ideas cuya novedad radica en nuestro interés de promover una búsqueda de acercamientos necesarios entre las instituciones responsables de la gestión externa del Estado para hacer más eficiente o viable nuestra futura acción internacional.

Una primera cuestión es la necesidad de tener una visión integral del Estado considerando tanto los recursos  y potencialidades del sector público como del sector privado. La sumatoria de agentes y concordancia de objetivos en la acción internacional de los estados es importante en el contexto de la sociedad global, en la que las soberanías estatales, las fronteras nacionales y las normatividades públicas  tienden a relativizarse, cuando el Estado no tiene la capacidad o visión de determinar el grado y medida de su inserción en el proceso de globalización.

Una segunda cuestión a destacar es el hecho de que la gestión externa del sector público, demanda la  acción de todos los entes que forman este sector a la luz de la globalización. El Congreso de la República, como uno de los órganos de primer nivel en la organización del Estado, no queda ajeno a este contexto. Su participación acentuada en el tema de la gestión externa no debe limitarse a los ejercicios de la funcion legislativa y de control, si no más bien a extenderse a los nuevos espacios que se crean en el ámbito internacional. El ejercicio de la diplomacia parlamentaria ante los agentes extranjeros públicos y privados, la participación del Congreso en las organizaciones y foros interparlamentarios y también en el desarrollo de los trabajos de las ligas parlamentarias de amistad entre países, pueden coadyuvar a mejorar la gestión y la posición internacional del país.

Una tercera reflexión que hacemos es que si bien la Comisión de Relaciones Exteriores ha desempeñado un papel importante en el examen y tratamiento de los asuntos internacionales en el Congreso, debe redefinir su rol en función de los nuevos cambios en la esfera internacional. En la medida que la globalización diluye también el concepto y alcance del campo interno y externo, hace que todas las Comisiones del Congreso deban considerar los diversos temas sectoriales a la luz de la eficiencia y competitividad internacional. Esta misma tendencia debe observarse, guardando las distancias, entre los diversos sectores en el Poder Ejecutivo. En este sentido, la Comisión de Relaciones Exteriores debe fortalecer su rol de coordinación y de apoyo a la gestión externa de los diversos órganos del Congreso. A  su vez, el Ministerio de Relaciones Exteriores  debe fortalecer su función de coordinación y apoyo a todas las dependencias del sector público y, fundamentalmente, al sector privado nacional cuando éste actúe en el exterior.

Debemos decir, por otra parte, que la adecuada gestión externa del Estado, en lo que concierne al sector público, se dará sólo si existe un trabajo coordinado y orientado hacia objetivos comunes fijados en consenso entre todas las organizaciones del sector público y también de la sociedad civil. Ello no quiere decir, que el sector público, en el marco de la propia competencia internacional, deba asumir roles que por naturaleza le corresponden al sector privado. Es importante que la sociedad civil tome conciencia de su verdadero papel en el contexto actual de la sociedad global, altamente cambiante y competitiva, donde ya no participa solamente como sector exportador.

Fortalecer al Estado no significa redimensionar sólo el aparato público, significa también que la misma sociedad civil asuma el papel que le corresponde desempeñar en la sociedad global y muestre conductas orientadas hacia ese fín. El Congreso, como representante auténtico de la población nacional, debe identificar con el Poder Ejecutivo los grandes objetivos nacionales así como las grandes líneas de acción de la sociedad civil para, a su vez, normar su ejecución.

En el año 2021 el Perú cumplirá doscientos años de vida independiente y republicana. Mucho antes comenzarán las celebraciones de las diversas gestas precursoras de los prohombres que soñaron con un Perú libre y soberano y cuyas acciones libertarias comenzaron casi con el inicio de su siglo. Es tiempo pues de reflexionar sobre la acción y propósito de aquellos que forjaron la historia del Perú, desde su independencia, y proyectar esa experiencia y conclusiones hacia las generaciones futuras como un homenaje a estos hombres —que no citamos por temor a omitir a muchos— que tuvieron que ofrendar sus propias vidas para conseguir y brindarnos la patria libre y democrática que hoy disfrutamos.

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